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de Comité tegen Straffeloosheid in Chile ! |
Más allá del articulado específico propuesto y sus consecuencias judiciales, materia que debe ser analizada jurídicamente, existen otras facetas del proyecto de reforma constitucional en trámite que pretende establecer el tal llamado "Estatuto de los Presidentes de la República de Chile" y que, sin tener la relevancia jurídica de lo anterior, merecen un examen muy detenido por parte de quienes aspiramos a la construcción de un verdadero estado democrático en el país. En nuestra opinión, ellas se resumen en los aspectos políticos y éticos que conlleva la mencionada reforma. En primer lugar resulta éticamente aberrante que Augusto Pinochet Ugarte, quien se arrogó por sí y ante sí el título de Presidente de la República -título que ningún órgano ni mecanismo democrático le confirió-, adquiera oficialmente, a partir de la aprobación democrática de dicha reforma constitucional, la dignidad de Ex Presidente de la República. Esto equivale a otorgarle el mismo nivel de dignidad de notables ciudadanos que fueron elegidos para el cargo -permaneciendo en esa calidad durante el período que legalmente les correspondía, cuatro o seis años-, que no complotaron ni implementaron golpes de estado, que no fueron ni han sido acusados de crímenes masivos y atroces o de lesa humanidad, que no fueron objeto de procesos judiciales por estafa al erario nacional ("Melocotón"), que no favorecieron escandalosamente a miembros de su familia con dineros fiscales (el caso "Pinocheques" y el del "yernísimo" Ponce Lerou), y que, en definitiva, pasaron a la historia nacional como personas dignas, honorables, austeras y sobrias. Por tanto, que se le confiera a Pinochet Ugarte, por el Congreso Nacional, la dignidad de Ex Presidente de la República, constituye un insulto a la memoria y la dignidad de todos aquellos verdaderos ex presidentes de Chile que nos recuerda la historia. Como si esto fuera poco y según se ha hecho público y evidente en el curso de la preparación y tramitación de la reforma constitucional en cuestión, su objetivo primordial es permitir que Pinochet pueda renunciar a su cargo de senador vitalicio autodesignado "sin temor" a quedar sin fuero e "indefenso". Crearle un fuero especial como el de Ex Presidente de la República -aparte de repugnar a la recta conciencia ciudadana-, sólo sirve para poner trabas en el propósito expreso de que todos los chilenos seamos iguales ante la ley y no existan diferencias y privilegios odiosos. Sin embargo, los defensores de la reforma constitucional en trámite alegan que Pinochet no tendría más protección que aquella que le otorga su actual cargo de senador vitalicio. Si esto es efectivamente el caso, entonces la reforma de marras es absolutamente redundante, superflua e innecesaria pues si Pinochet decide no continuar ejerciendo activamente su función de senador vitalicio o resulta imposibilitado de ejercerla por razones de salud, no se necesita abrirle caminos para que renuncie pues basta el hecho de que no la ejerza en forma activa. Su cargo de senador, que conlleva dieta y fuero parlamentario, es de por vida e irrenunciable. Si está incapacitado por motivos de salud o decide no ejercer las funciones de su cargo por las razones que sean, siempre mantendrá su dieta, su fuero y su "dignidad" de senador vitalicio. No es moral, justo ni necesario darle otra, a menos que con ello se busque, mañosa y efectivamente, con argucia de mentira y engaño y a espaldas de la ciudadanía, transformarlo en "el indesaforable" de la muy democrática República de Chile. No hay otra explicación posible. Pedro Alejandro Matta Santiago, Chile |