Informe Hinchey sobre
las actividades de la CIA en Chile
Traducción: Equipo Nizkor
English (link to Nizkor)
Índice:
Resumen de
las fuentes/metodología
Resumen
de las respuestas a las preguntas
Debate:
Material de apoyo
El "asesinato" del Presidente Salvador
Allende
Llegada
del General Augusto Pinochet a la Presidencia
Violaciones
de los derechos humanos cometidas por funcionarios o agentes encubiertos y empleados de la
CIA
INFORME HINCHEY.
ASUNTO: Actividades de la CIA en Chile.
18 de septiembre de 2000.
Resumen de
las fuentes / metodología.
En respuesta a la Sección 311 de la Ley de
Autorización en Materia de Inteligencia (Intelligence Authorization Act) para el Año
Fiscal 2000 (de aquí en adelante "Enmienda Hinchey"), la Comunidad de
Inteligencia (CI), dirigida por el Consejo Nacional de Inteligencia, revisó una serie de
archivos relevantes de la CIA de ese período, básicamente a partir de recientes
búsquedas documentales; estudió gran número de informes del Congreso concernientes a
las actividades en Chile en los años 60 y 70; leyó las memorias de figuras clave,
incluidas las de Richard Nixon y Henry Kissinger; revisó el archivo histórico oral de la
CIA que se encuentra en el Centro de Estudios de Inteligencia; y, consultó con
funcionarios de inteligencia en retiro que estuvieron directamente involucrados.
Esta amplia base de información otorga una gran fiabilidad a
nuestras respuestas a las tres preguntas que se transcriben más abajo. Sin embargo, el
cuerpo del informe ofrece un detalle mucho mayor en lo que constituye un esfuerzo para
contar la historia de la intervención de la CIA y ubica las respuestas en su adecuado
contexto histórico. La Comisión Electa para el Estudio de Operaciones Gubernamentales
concernientes a Actividades de Inteligencia , la Comisión Church, llevó a cabo en 1975
una minuciosa revisión de documentación y entrevistas, elaborando un informe que
constituye todavía un análisis comprensivo de las actividades de la CIA en Chile en el
período comprendido entre 1963 y 1973.
La respuesta de la CIA a la Enmienda Hinchey ha de verse como
un esfuerzo de buena fe de responder de forma no clasificada a las tres preguntas y no
como la historia definitiva de las actividades de los Estados Unidos en Chile a lo largo
de los 30 últimos años.
Resumen
de las respuestas a las preguntas
.
1. P. Todas las actividades de
funcionarios, agentes y empleados de todos los elementos de la Comunidad de Inteligencia
respecto del asesinato del Presidente Salvador Allende en septiembre de 1973.
R. No hallamos información alguna -tampoco
lo hizo la Comisión Church- en el sentido de que la CIA o la Comunidad de Inteligencia
estuvieran involucradas en la muerte del Presidente chileno Salvador Allende. Se cree que
se suicidó a medida que los dirigentes del golpe le cercaban. El mayor esfuerzo de la CIA
contra Allende se produjo antes, en 1970, en el fracasado intento de bloquear su elección
y ascenso a la presidencia. Con todo, la ya larga hostilidad de la administración USA
contra Allende y su anterior estímulo a un golpe militar en su contra, eran bien
conocidos por los conspiradores golpistas, quienes eventualmente actuarían por su cuenta
para expulsarle.
2. P. Todas las actividades de funcionarios,
agentes encubiertos y empleados de todos los elementos de la Comunidad de Inteligencia
respecto del ascenso del General Augusto Pinochet a la presidencia de la República de
Chile.
R. La CIA apoyó activamente a la Junta
Militar tras el derrocamiento de Allende pero no ayudó a Pinochet a asumir la
presidencia. De hecho, muchos funcionarios de la CIA compartían amplias reservas
albergadas en los Estados Unidos respecto de la enconada persecución del poder por parte
de Pinochet.
3. P. Todas las actividades de funcionarios,
agentes encubiertos y empleados de todos los elementos de la Comunidad de Inteligencia
respecto de las violaciones de los derechos humanos cometidas por oficiales o agentes del
ex Presidente Pinochet.
R. Muchos de los oficiales de Pinochet
estuvieron involucrados en abusos sistemáticos y generalizados a los derechos humanos
tras la caída de Allende. Algunos de éstos fueron informantes o agentes de la CIA o del
ejército de los Estados Unidos. La CI siguió instrucciones de informar de tales abusos y
advirtió a sus agentes chilenos contra este tipo de conducta. Las normas más estrictas
de la actualidad en lo que a informes se refiere no estaban en vigor en aquel entonces, y,
si lo hubieran estado, suponemos que muchos agentes hubieran sido despedidos.
Debate
.
En los años '60 y a principios de los '70, la CIA
llevó a cabo proyectos específicos de actividades encubiertas en Chile como parte de la
política del Gobierno de los Estados Unidos para intentar influir en los acontecimientos
de Chile. Aquéllos aquí reconocidos aparecen descritos más abajo. El objetivo
arrollador -firmemente anclado en la política de este período- era desacreditar a los
líderes políticos marxistas leninistas, especialmente al Dr. Salvador Allende, y
fortalecer y animar a sus oponentes civiles y militares para que les impidieran llegar al
poder.
Panorama
de las actividades encubiertas. Bajo la dirección de la Casa Blanca y los
comités de coordinación de política inter agencias, la CIA llevó a cabo las
actividades encubiertas descritas más abajo. Consistieron en esfuerzos propagandísticos
sostenidos, incluyendo el apoyo financiero a los mayores medios de comunicación, en
contra de Allende y otros marxistas. Los proyectos de acción política brindaron apoyo a
los partidos políticos elegidos para tal fin antes y después de las elecciones de 1964 y
tras la elección de Allende en 1970.
En abril de 1962, el "Grupo Especial del Panel
5412" ("5412 Panel Special Group") -un cuerpo del subgabinete encargado de
revisar las propuestas de acciones encubiertas- aprobó una propuesta para llevar a cabo
un programa de ayuda financiera encubierta al Partido Demócrata Cristiano (PDC) en
sustento de la candidatura presidencial de Eduardo Frei en 1964.
Asimismo, en 1962, la CIA comenzó a prestar apoyo a un grupo
de acción cívica que desarrolló diversas actividades de propaganda, incluyendo la
distribución de pósters y panfletos.
En diciembre de 1963, el Grupo 5412 acordó una ayuda
económica en un único pago al Frente Democrático, una coalición de tres partidos que
agrupaba de moderados hasta conservadores, en apoyo a la campaña presidencial del Frente.
En abril de 1964, el Grupo 5412 aprobó un programa de
acción política y propagandística para las entonces próximas elecciones presidenciales
de septiembre de 1964. En mayo de 1964, tras la disolución del Frente Democrático, la
"Comisión 303", sucesora del Grupo 5412, acordó brindar al Partido Radical
ayuda encubierta adicional.
En febrero de 1965, la Comisión 303 aprobó una propuesta
para otorgar apoyo encubierto a los candidatos, seleccionados a tales efectos, a las
venideras elecciones al Congreso.
En 1967 la CIA estableció un mecanismo de propaganda para
colocar cuñas en radio y medios de comunicación.
En julio de 1968, la Comisión 303 aprobó un programa de
acción política en apoyo de candidatos moderados, individuales, que concurrían a las
elecciones legislativas de 1969.
Como resultado de las actividades de propaganda del año
1968, en 1969 la "Comisión 40" (sucesora de la Comisión 303), aprobó el
establecimiento de un taller de propaganda.
En la campaña para las elecciones presidenciales de 1970, la
Comisión 40 ordenó a la CIA que llevara a cabo "operaciones de sabotaje" para
impedir la victoria de Allende.
Como parte de la estrategia conocida como "Plan de
Acción I" (1) y dirigida a impedir que
Allende tomara posesión de su cargo tras las elecciones del 4 de septiembre, la CIA
pretendió influir en la votación que había de hacerse en el Congreso por requerimiento
constitucional, ya que Allende no ganó las elecciones por mayoría absoluta.
En el marco de la estrategia conocida como "Plan de
Acción II" (2), a la CIA se le ordenó
buscar el modo de promover un golpe que impidiera a Allende tomar posesión del cargo (ver
exposición más abajo).
Mientras Allende estaba en la presidencia, la Comisión 40
aprobó la reorientación de las operaciones del "Plan de Acción I", lo cual,
combinado con un renovado esfuerzo para apoyar al PDC en 1971 y un proyecto para
suministrar ayuda al Partido Nacional y al Partido Radical Democrático en 1972, se
tradujo en la inyección de millones de dólares para fortalecer los partidos políticos
de oposición. La CIA también suministró ayuda a grupos militantes de extrema derecha
para debilitar al Presidente y generar una atmósfera de tensión.
Apoyo al Golpe de
1970. Bajo el "Plan de Acción II" de la estrategia, la CIA buscaba
promover un golpe que impidiera a Allende tomar posesión del cargo después de que éste
obtuviera la mayoría en las elecciones del 4 de septiembre y antes de que el Congreso
chileno ratificara su victoria, requisito éste derivado de la Constitución al no haber
obtenido una mayoría absoluta. La CIA trabajó con tres grupos diferentes de
conspiradores. Los tres grupos dejaron claro que cualquier golpe requeriría el secuestro
del Comandante del Ejército, Rene Schneider, quien era de la firme opinión de que la
Constitución requería que el Ejército permitiera a Allende asumir el poder. La CIA
estuvo de acuerdo con esta aseveración. Si bien la CIA suministró armas a uno de los
grupos, no hemos hallado información en el sentido de que la intención de los
conspiradores o de la CIA fuera la de asesinar al General. En un momento posterior se
suprimieron los contactos con uno de los grupos de conspiradores debido a sus tendencias
extremistas. La CIA suministró gas lacrimógeno, subametralladoras y munición al segundo
de los grupos. El tercer grupo intentó secuestrar a Schneider, hiriéndole de muerte en
el ataque. La CIA había animado a este grupo, con anterioridad, a dar un golpe, pero
retiró su apoyo cuatro días antes del ataque porque, conforme a la evaluación hecha por
la Agencia, el grupo no llevaría a cabo la empresa exitosamente.
Conocimiento de la
conspiración para el golpe de 1973. Aunque la CIA no instigó el golpe que
terminó con el Gobierno de Allende el 11 de septiembre de 1973, estaba al corriente de la
maquinación del mismo por parte de los militares, tenía relaciones para recabar
información de inteligencia con algunos de los conspiradores, y dado que la CIA no
desalentó la toma del poder por los golpistas y había instigado un golpe en 1970,
apareció probablemente como que lo toleraba.
No había manera de que nadie, incluyendo la CIA, pudiera
haber sabido que Allende rechazaría la oferta de los golpistas de sacarle sano y salvo
del país y de que, en cambio -con el Palacio de la Moneda en llamas y bajo el fuego de
los tanques y el bombardeo de la aviación- optaría por quitarse la vida.
Conocimiento de las
violaciones a los derechos humanos. Los funcionarios de la CIA estaban al
corriente e informaron a analistas y políticos en 1973 que el General Pinochet y las
fuerzas que terminaron con el Gobierno de Allende estaban llevando a cabo una dura
campaña en los meses que siguieron al golpe contra militantes de izquierdas y todos
aquéllos tenidos por enemigos políticos. Las actividades de algunos servicios de
seguridad hacían prever un esfuerzo a largo plazo para suprimir a los oponentes. En enero
de 1974, a los funcionarios de la CIA y personal a su servicio se les encargó rendir
informes sobre las violaciones de los derechos humanos a manos del Gobierno chileno.
Nexo con los servicios de seguridad
chilenos. La CIA tenía vínculos relacionales en Chile con el propósito
principal de asegurar la colaboración a la hora de recabar información de inteligencia
sobre blancos externos. La CIA ofreció asesoría a estos servicios en organización
interna y entrenamiento en el combate contra la subversión y el terrorismo desde el
extranjero, no en el combate contra los oponentes internos al Gobierno. La CIA utilizó
también este vínculo para advertir a estos servicios en relación con los abusos a los
derechos humanos en Chile. La comunidad política y la CIA reconocieron que estas
relaciones abrieron la puerta a la posible identificación de la CIA con las operaciones
internas de los servicios de enlace que llevaban aparejados abusos a los derechos humanos,
pero concluyeron que el contacto era necesario para la misión de la CIA.
Propaganda
en apoyo al Régimen de Pinochet. Tras el golpe de septiembre de 1973, la CIA
suspendió la financiación para nuevas operaciones encubiertas pero continuó con algunos
proyectos de propaganda ya en marcha, incluyendo ayuda para los medios de comunicación
comprometidos con generar una imagen positiva de la Junta Militar. Individuos chilenos que
habían colaborado con la CIA pero que no actuaban bajo la dirección de la misma
contribuyeron a la preparación del "Libro Blanco", un documento con el que se
buscaba justificar el derrocamiento de Allende. Contenía la alegación de que los
militantes de izquierdas tenían un plan secreto, el "Plan Z", para asesinar al
alto mando en los meses anteriores al golpe, cosa que la CIA creyó ser probablemente una
desinformación proveniente de la Junta.
Conocimiento de la
"Operación Cóndor". En el año posterior al golpe, la CIA y otras
agencias del Gobierno de los Estado Unidos estaban al tanto de la existencia de una
cooperación bilateral entre los servicios de inteligencia de la región para el
seguimiento de actividades de, y, al menos en varios casos, asesinar a, oponentes
políticos. Esta cooperación sería la precursora de la Operación Cóndor, un acuerdo
establecido en 1975 para el intercambio de inteligencia entre Chile, Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay.
Reparos internos.
Algunos funcionarios de la CIA expresaron sus reservas a
ciertas actividades durante este período.
El examen analítico de la Comunidad de Inteligencia en lo
que se refiere a las probabilidades de un golpe en 1970, por ejemplo, arrojaba que
"la acción militar es imposible" ya que el ejército era profundamente fiel a
la Constitución y no estaba por la labor de expulsar al Gobierno civil. El DCI afirmó
que a la Agencia se le estaba pidiendo lo imposible. Un funcionario de alto nivel de la
CIA dijo que la idea de sabotear una victoria de Allende "no era realista".
Estimaciones de Inteligencia Nacional elaboradas entre 1969 y 1973 reflejaban cada vez
menor confianza en que Allende sería capaz de subvertir el orden constitucional de Chile.
Además, en el período que precedió el exitoso golpe contra Allende, a los funcionarios
de la CIA les preocupaba la difusa línea entre lo que era el monitoreo de la
conspiración para el golpe -el recabar información de inteligencia sobre tales
actividades pero sin dirigirlas o influenciarlas- y el hecho de apoyar un golpe, al menos
implícitamente.
Contexto histórico.
El telón de fondo histórico arroja una importante luz sobre
las políticas, las prácticas y lo que se percibía como la urgencia principal en aquel
entonces. La revolución cubana y el afloramiento de los partidos comunistas en América
Latina había traído la Guerra Fría al Hemisferio Occidental. Miles de oficiales del
ejército chileno vinieron a los Estados Unidos para entrenarse, lo que incluyó
presentaciones acerca del impacto del comunismo mundial en su propio país. Después de
que Allende obtuviera la mayoría simple en las elecciones presidenciales del 4 de
septiembre de 1970, existía el consenso en los más altos niveles del Gobierno de los
Estados Unidos de que una presidencia de Allende dañaría gravemente los intereses
nacionales de los Estados Unidos.
Los esfuerzos de los Estados Unidos en apoyo de las fuerzas
anticomunistas en Chile se remontan a finales de los años '50 y reflejan la rivalidad
entre los Estados Unidos y la Unión Soviética por extender su influencia en el Tercer
Mundo. La creciente fuerza de la izquierda chilena, junto con la continua fragmentación
de las fuerzas políticas moderadas y conservadoras, aumentaron la preocupación en los
Estados Unidos a lo largo de los años '60 y '70, queriendo evitar la emergencia de
"otra cuba" en el Hemisferio Occidental.
Según el Informe de la Comisión Church, en su reunión con
el Director de la CIA, Richard Helms, y el Fiscal General, John Mitchell, del 15 de
septiembre de 1970, el Presidente Nixon y su Consejero en Seguridad Nacional, Henry
Kissinger, ordenaron a la CIA impedir que Allende se hiciera con el poder. "No les
preocupaban los riesgos que esto entrañaba", según las notas de Helms. Además de
la acción política, Nixon y Kissinger, según dichas notas, ordenaron medidas para
"hacer crujir la economía".
Estas actitudes propias de la Guerra Fría persistieron
durante la era Pinochet. Después de que Pinochet llegara al poder, determinados
políticos de alto nivel se mostraron reticentes a criticar las violaciones a los derechos
humanos, llamando al orden a los diplomáticos estadounidenses que instaban a dedicar
mayor atención al problema. La ayuda y ventas militares de los Estados Unidos aumentaron
significativamente durante los años de mayores abusos de los derechos humanos. Según un
Memorándum de Conversación previamente desclasificado, Kissinger, en junio de 1976,
indicó a Pinochet que el Gobierno de los Estados Unidos era afable a su régimen, si bien
Kissinger recomendó que hubiera cierto progreso en el asunto de los derechos humanos para
mejorar la imagen de Chile en el Congreso de los Estados Unidos.
Material de apoyo
.
El "asesinato" del
Presidente Salvador Allende.
En 1962 a la CIA se le concedió autorización para llevar a
cabo proyectos de actividades encubiertas en apoyo al Partido Radical Chileno y al Partido
Demócrata Cristiano (PDC). Estos programas se concibieron básicamente para ayudar a los
partidos a atraer mayor número de seguidores, mejorar su organización y eficacia e
influir en su orientación política de cara al respaldo de los objetivos de los Estados
Unidos en la región. Un objetivo secundario de estos programas consistía en contribuir a
los esfuerzos para dividir al Partido Socialista. A petición del Embajador de los Estados
Unidos en Chile, con el apoyo del Departamento de Estado, el Grupo 5412 aprobó en 1963
una cantidad a hacer efectiva en un único pago al Frente Democrático. Los esfuerzos
propagandísticos en favor de los medios públicos de comunicación consistieron
básicamente en la financiación y orientación de las personas reclutadas en el seno de
las estaciones de radio y periódicos chilenos seleccionados a tales efectos.
El 2 de abril de 1964, la Comisión 303 aprobó una campaña
de acción política de cara a la preparación de las elecciones de 1964. El objetivo de
la campaña era impedir que ganara el Dr. Salvador Allende, el candidato de la izquierda a
la presidencia. El principal beneficiario de estos esfuerzos fue Eduardo Frei, del Partido
Demócrata Cristiano. La campaña se montó sobre la operación encubierta previamente
aprobada en 1962, incorporando un elemento de soporte para un grupo de mujeres militantes.
En el mismo período, a la CIA se le encomendó promover la emisión unilateral continuada
de cuñas de propaganda en los medios de comunicación para así orientar la opinión
pública en contra de los partidos y candidatos de la izquierda. Para la fecha de las
elecciones, la Comisión 303 había aprobado un total de 3 millones de dólares para
evitar que Allende ganara. La victoria de Frei el 4 de septiembre de 1964 marcó un hito
en el desempeño de la CIA en las elecciones chilenas.
El 5 de febrero de 1965, la Comisión 303 aprobó una nueva
campaña de actividades encubiertas encaminadas a prestar apoyo a candidatos elegidos para
las elecciones al Congreso del 7 de marzo. Por medio de esta campaña -diseñada y
ejecutada en cooperación con el Embajador de los Estados Unidos en Chile- se autorizó a
la CIA, mediante el uso de su ya existente infraestructura, a apoyar selectos candidatos
al Congreso. La operación fue considerada un éxito y se la puso término el 30 de junio.
En 1965-66 se combinaron acciones previas de propaganda y la
CIA estableció un proyecto de operación encubierta para promover la colocación de
propaganda en los medios de comunicación chilenos. Este proyecto iba encaminado a
orientar a la opinión pública en contra de los partidos y candidatos de la izquierda. El
alcance de las actividades propagandísticas de la CIA en Chile se vio expandido en 1967,
con la promoción de temas "anticomunistas" específicamente en contra de la
presencia del Bloque Soviético en el país.
A pesar de todo, la izquierda chilena obtuvo éxitos
políticos durante la presidencia de Frei. Como consecuencia de ello, a la CIA se le
permitió en 1968-96 llevar a cabo operaciones propagandísticas adicionales con la
intención de influir en los medios de comunicación chilenos. Esto pasaba por establecer
un taller de propaganda y otros mecanismos para la colocación en prensa. Los temas
propagandísticos incluían la amenaza que el Bloque Soviético representaba para la
tradición democrática chilena, el peligro que suponían para el país los frentes de
izquierda internos y la promoción de un liderazgo pro democrático en Chile. En julio de
1968, la Comisión 303 aprobó un modesto programa de actividades encubiertas, propuesto
por el Embajador de los Estados Unidos, para influir en la composición del Congreso
chileno mediante el respaldo a candidatos moderados en las elecciones al Congreso de marzo
de 1969. Si bien los resultados fueron considerados como un éxito operativo, tanto la
derecha como la izquierda radicales obtuvieron más escaños y aumentó la polarización
en el escenario político chileno. Frei y sus candidatos moderados del PDC fueron los
perdedores. Al programa de la CIA se le puso fin al término de las elecciones al
Congreso.
A medida que se acercaban las elecciones presidenciales de
1970, Allende se perfilaba como candidato a la cabeza; varios partidos de izquierda
continuaron reforzando la coalición de la Unidad Popular (UP). La Central se sirvió de
algunas de las actividades encubiertas mencionadas más arriba para llevar a cabo una
variedad de operaciones de propaganda y acción política destinadas a desacreditar a la
izquierda. La Comisión 40 le dijo a la CIA que se concentrara en atacar a la coalición
de la UP y que no apoyara a ningún candidato concreto a la presidencia. El objetivo era
dividir a la izquierda y crear las condiciones para que un candidato no marxista ganara
las elecciones. El 27 de junio de 1970 al Cuartel General se le ordenó que centrara la
"operación de sabotaje" más directamente contra la candidatura de Allende. El
plan consistía en alertar al pueblo chileno de los peligros de un régimen marxista bajo
Allende.
A pesar del aumento de la financiación, como dispuso la
Comisión 40, en agosto de 1970 aparece claro que la operación de sabotaje no estaba
teniendo éxito y que Allende y la UP había reunido tal apoyo que Allende era sin duda el
candidato favorito. La preocupación en las altas esferas de la Administración Nixon
desembocó en el desarrollo de una iniciativa de operación encubierta más agresiva. Esta
iniciativa contemplaba tanto la acción política (Plan de Acción I) como el golpe
militar (Plan de Acción II) como formas de evitar la presidencia de Allende. El Plan de
Acción I y el II transcurrieron simultáneamente hasta que el Congreso eligió a Allende
el 24 de octubre.
El programa de acción política en consideración pedía a
la Embajada y a la Central que influyeran en el Congreso chileno toda vez que éste debía
hacerse cargo de la cuestión. Esto conllevaba el alentar al Congreso para que votara a
Alessandri como Presidente a pesar del hecho de que Allende hubiera obtenido un número de
votos ligeramente superior. (Allende ganó con el 36,3 por ciento de los votos el 4 de
septiembre -una mayoría que no era la mayoría absoluta requerida por la Constitución
para evitar la ratificación de la victoria por parte del Congreso). La Central y la
Embajada, sirviéndose de intermediarios, instaron a Frei para que usara su influencia en
el Congreso y convenciera a las fuerzas que no eran de izquierdas de que votaran a
Alessandri. El escenario pretendido era que el Congreso eligiera como Presidente a
Alessandri; éste dimitiría posteriormente, permitiendo así que Frei se enfrentara a
Allende como candidato en una nueva elección.
La iniciativa del Plan de Acción II emplazaba a la CIA para
que planificara la posibilidad de una intervención del ejército chileno. El 9 de
septiembre la Central recibió instrucciones del Cuartel General ordenándola que
entablara contactos directos con los oficiales del ejército chileno para evaluar la
posibilidad de estimular un golpe militar si llegaba a tomarse tal decisión.
El 15 de septiembre el Presidente Nixon informó al DCI de
que los Estados Unidos no aceptarían el régimen de Allende en Chile. Dio instrucciones a
la CIA para impedir que Allende llegara al poder o lo despojara de su cargo y autorizó la
liberación de 10 millones de dólares para este fin. El Presidente ordenó
específicamente que esta acción fuera llevada a cabo por la CIA sin informar ni al
Departamento de Estado, ni al de Defensa ni al Embajador de Estados Unidos en Chile. En
respuesta a la instrucción de Nixon, la CIA emprendió una serie de acciones que
incluyeron el hacer ver a los militares que un gobierno extranjero solicitaba sus puntos
de vista, promover propaganda a nivel mundial para su colocación en los medios de
comunicación del país, iniciar acciones para conseguir que los periódicos de mayor
tirada, como El Mercurio, se opusieran públicamente a Allende, y, contactar con un seglar
católico que tenía relación con los líderes de la Iglesia chilena para influenciar su
opinión sobre Allende. Los oficiales de la Central intensificaron sus contactos con los
oficiales del ejército chileno. También se alentó a Frei para que usara su influencia
con los militares y animara a los oficiales a considerar la formación de un nuevo
Gobierno antes de que el Congreso eligiera a Allende como Presidente. A finales de
septiembre resultaba claro que era improbable que Frei actuara de esta manera.
La planificación en el marco del Plan de Acción II se
intensificó una vez quedó claro que Frei no actuaría. Entre los días 5 y 20 de octubre
la Central orquestó numerosos contactos con figuras clave del ejército chileno y de los
Carabineros (policía nacional) para convencerles de que dieran un golpe. El Agregado
Militar de la Embajada de los Estados Unidos fue colocado bajo control operacional de la
Central de la CIA y transmitió similares mensajes a sus informantes en el ejército.
Cuatro oficiales de la CIA fueron enviados de manera extraoficial a reunirse con los
oficiales más receptivos del ejército chileno y que estuvieron activamente involucrados
en la conspiración golpista.
Sin embargo, la iniciativa del Plan de Acción II fracasó
tras el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, Schneider, cuya muerte causó una
fuerte reacción en Chile.
El asesinato de Schneider
.
El Gobierno de los Estados Unidos y la CIA estaban al
corriente de, y de acuerdo con, la conclusión de los oficiales chilenos de que el
secuestro del General Rene Schneider, Comandante del Ejército chileno, en septiembre de
1970, era un paso esencial para cualquier estrategia golpista. Sin embargo, no hemos
hallado información de que el propósito de los conspiradores golpistas o de la CIA fuera
el de asesinar al general en el acto del secuestro. Schneider era un gran defensor de la
Constitución chilena y un gran estorbo para los oficiales del ejército que pretendían
dar un golpe para impedir que Allende fuera investido en su cargo.
El General retirado del ejército Roberto Viaux era uno de
los mayores conspiradores golpistas y contaba con el apoyo de jóvenes oficiales y
miembros de la tropa; también dirigió varios grupos civiles de derecha. Después de que
a la CIA le fuera encomendado sondear las perspectivas de un golpe para impedir que
Allende tomara posesión del cargo, un funcionario de la Agencia estableció contacto con
Viaux el 9 de octubre de 1970. Una segunda reunión con Viaux hizo que la Central
transmitiera a Washington una solicitud, por parte de éste, de armas, gas lacrimógeno y
otros suministros, así como de un prima de seguro de vida para sí mismo. El examinar la
propuesta de Viaux, el Cuartel General de la CIA concluyó que su grupo no tenía
posibilidad de llevar a cabo un golpe con éxito. La Cuartel General avisó a la Central y
en las reuniones de los días 17 y 18 de octubre un funcionario de la CIA le dijo a un
miembro del grupo de Viaux que la CIA no acogería su solicitud de apoyo. El funcionario
les advirtió de que cualquier acción golpista que emprendieran sería prematura. El
representante de Viaux les informó de que el golpe estaba planeado para los días 21-22
de octubre, y que el primer paso consistiría en el secuestro del General Schneider. La
Central puso en cuestionamiento el plan porque la CIA no obtuvo ninguna conformación de
inteligencia y el grupo de Viaux tenía detrás una lista de tropiezos.
El 22 de octubre el grupo de Viaux, actuando
independientemente de la CIA entonces, llevó a cabo un intento de secuestro contra el
General Schneider que resultó en la muerte de éste. La muerte de Schneider impactó a
las fuerzas armadas y civiles proclives al golpe y los planes de acción militar fueron
arrinconados.
Además de con Viaux, la CIA había establecido contacto con
otros conspiradores golpistas, incluido el General Camilo Valenzuela. La Central conocía
bien al grupo de Valenzuela y al respecto opinaba que tenía capacidad de dar un golpe con
éxito. La CIA suministró el 22 de octubre a este grupo -que también veía en el
secuestro del General Schneider un paso esencial para cualquier golpe- tres
subametralladoras, munición y de 8 a 10 granadas de gas lacrimógeno. (Estas armas fueron
devueltas con posterioridad, sin usar, a la Central). El representante de Valenzuela
insistió en que su grupo no tuvo nada que ver con el asesinato de Schneider y en que
Viaux había actuado por su cuenta.
En noviembre de 1970, un miembro del grupo de Viaux que no
fue capturado contactó nuevamente con la Agencia y solicitó ayuda económica en nombre
del grupo. Aunque la Agencia no tenía obligación alguna para con el grupo ya que éste
había actuado por su cuenta, en un esfuerzo por mantener en secreto los contactos
anteriores, mantener la buena fe del grupo y por razones humanitarias, se les pasaron 35
mil dólares.
El
primer período de la presidencia de Allende
.
El Congreso aprobó la victoria de Allende en las elecciones
por un amplio margen -153 votos a favor frente a 35 en contra- el 24 de octubre.
Inmediatamente después de la investidura de Allende el 3 de noviembre de 1970, el
objetivo a largo plazo del Gobierno de los Estados Unidos era mantener activa la
oposición con la esperanza de que pudiera derrotar a Allende en las elecciones de 1976.
El papel de la CIA en Chile consistía básicamente en suministrar fondos e influir en los
partidos políticos de la oposición. En 1971 se aprobó una nueva operación encubierta
para renovar el apoyo al PDC. En 1972 se autorizó un nuevo proyecto de operación
encubierta para suministrar apoyo al Partido Nacional y al Partido Radical Democrático.
El sostenido apoyo financiero de la CIA a los mecanismos de propaganda descritos más
arriba tenía por finalidad continuar con la colocación [de propaganda] en los medios de
comunicación en apoyo a los partidos de la oposición y contra el régimen de Allende. La
CIA recibió instrucciones de situar al Gobierno de los Estados Unidos en una posición
que le permitiera obtener futuros beneficios de la solución, bien política o bien
militar, al dilema chileno, según los acontecimientos se fueran sucediendo.
La CIA continuó recabando información de inteligencia sobre
los oficiales del ejército chileno que desarrollaban una oposición activa contra el
Gobierno de Allende, pero no se realizaron acciones para ayudarles en modo alguno. Algunos
de los contratados y de los informantes de la CIA estaban en contacto directo con los
conspiradores del golpe; las instrucciones de la CIA eran que el propósito de estos
contactos consistía tan sólo en obtener información. A medida que los rumores sobre la
planificación del golpe aumentaron a finales de 1972, la CIA puso especial cuidado en
todos sus tratos con los oficiales del ejército chileno y continuó monitoreando sus
actividades pero bajo ninguna circunstancia intentó influir en ellos. En octubre de 1972
existía el consenso en el Gobierno de los Estados Unidos de que los militares intentaban
dar un golpe en algún momento, pero que no era necesario el apoyo de los Estados Unidos
para el éxito del mismo y que la ayuda o intervención de los Estados Unidos en un golpe
debiera evitarse.
El 21 de agosto de 1973 la Comisión 40 aprobó un desembolso
presupuestario suplementario de un millón de dólares para aumentar la ayuda a los
partidos políticos de oposición, lo que durante el período de Allende sitúa la
cantidad total del gasto en operaciones encubiertas en aproximadamente 6,5 millones de
dólares. A finales de agosto la Central solicitó autorización para brindar la máxima
ayuda posible a las actividades de la oposición destinadas a promover la entrada de los
militares chilenos en el gabinete de Allende. La renuncia del Comandante del Ejército, el
General Carlos Prats (cuyas acciones eran firmemente fieles a la Constitución) y su
sustitución por el General Augusto Pinochet (no un conspirador golpista, pero
aparentemente proclive a consentir un golpe) pareció conferir una mayor unidad a las
Fuerzas Armadas y fortaleció la institución en cuanto grupo de presión política. El
Gobierno de la UP parecía temer un posible golpe militar y no estaba seguro de cómo
reaccionar ante tal temor.
La Central se dio cuenta de que los objetivos de la
oposición habían evolucionado hasta un punto inconsistente con la actual política de
los Estados Unidos y buscó la autorización de Washington para respaldar una acción tan
agresiva. Si bien el Embajador de los Estados Unidos en Chile estuvo de acuerdo con la
necesidad de que Washington evaluara su política actual, no coincidió con la propuesta
de la Central, temiendo que pudiera conducir al compromiso fáctico de los Estados Unidos
con un golpe. Como respuesta, el Cuartel General de la CIA volvió a afirmar ante la
Central que no tenía que haber ningún tipo de implicación con los militares en ninguna
iniciativa de acción encubierta; no había apoyo para promover un golpe militar.
El 10 de septiembre de 1973 -el día anterior al golpe que
terminó con el Gobierno de Allende- un oficial del ejército chileno informó a un agente
de la CIA que se estaba planificando un golpe y solicitó la ayuda del Gobierno de los
Estados Unidos.
Se le respondió que el Gobierno de los Estados Unidos no
otorgaría ningún tipo de ayuda porque se trataba estrictamente de una cuestión interna
de Chile. El agente de la Central le dijo también que esta petición sería transmitida a
Washington. La CIA supo de la fecha exacta del golpe poco antes de que tuviera lugar.
Durante el ataque al Palacio Presidencial y sus inmediatas consecuencias las actividades
de la Central se limitaron a rendir informes de situación y de inteligencia.
La muerte de Allende tuvo lugar después de que el Presidente
rechazara una oferta de los militares de sacarle a él y a su familia fuera de Chile. La
evidencia disponible apunta a que el Presidente Allende se suicidó a medida que los
golpistas entraban en el ala de sus oficinas. Una fuente fiable en lo que atañe a la
muerte de Allende fue el Dr. Patricio Guijón, integrante del equipo médico del
Presidente. Guijón estaba con Allende en el Palacio Presidencial de La Moneda durante el
ataque y declaró que vio cómo Allende se disparaba con un fusil. La Comisión Nacional
Chilena para la Verdad y la Reconciliación también concluyó en 1991 que Allende se
quitó la vida. No hay información que indique que la CIA estuviera involucrada en la
muerte de Allende.
La
implicación de las empresas estadounidenses
.
Ya en las elecciones a la presidencia de Chile de 1964, los
empresarios estadounidenses con intereses en Chile se habían ofrecido a aportar fondos a
la CIA para impedir que Allende resultara elegido. Todas estas ofertas tempranas fueron
rechazadas.
Un empresario estadounidense que trabajaba para la
International Telephone and Telegraph (ITT), contactó con un agente de la Central a
principios de 1970 para urgir al Gobierno de los Estados Unidos que suministrara ayuda
financiera a uno de los oponentes de Allende, Jorge Alessandri. La Central suministró al
empresario el nombre de un individuo que podría canalizar, de manera segura, los fondos
de la ITT a Alessandri.
Varios meses después, otro representante de la ITT se
dirigió a la CIA en Washington para sondear si la Agencia estaba dispuesta a aceptar
fondos de su compañía y canalizarlos a la campaña de Alessandri. Se le respondió que
la CIA no podía recibir ni transferir fondos a Alessandri en nombre de una empresa
privada. La CIA también le dijo que, si bien al Gobierno de los Estados Unidos le
perturbaba bastante una eventual victoria de Allende, no estaba apoyando a ningún
candidato específico a las elecciones. No obstante, igual que sucediera varios meses
antes, la Central aconsejó a estos empresarios cómo hacer llegar los fondos de la ITT a
Alessandri de manera segura.
Tras la elección de Allende y antes de su investidura, la
CIA, bajo la dirección de la Comisión 40, realizó un esfuerzo -en coordinación con la
Embajada en Santiago- para alentar a las empresas chilenas a poner en marcha un programa
de desestabilización de la economía.
Llegada del General Augusto Pinochet a la Presidencia
.
La nueva Junta Militar chilena -el General del
Ejército Augusto Pinochet, el General de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, el Almirante de
la Armada, José Merino y el Jefe de Carabineros, General Caesar Mendoza- fue investida
bajo juramento la noche del 11 de septiembre de 1973. Al día siguiente, los cuatro
integrantes redactaron un documento oficial por el que la Junta se constituía en el poder
supremo de Chile. Pinochet fue nombrado su primer Presidente y los cuatro acordaron
verbalmente que el cargo sería rotativo. Poco después, la Junta estableció un comité
asesor que Pinochet logró estuviera compuesto por oficiales del ejército que le eran
leales. Una de sus primeras recomendaciones consistió en descartar la idea de un
presidencia rotativa, arguyendo que generaría demasiados problemas administrativos y
daría lugar a confusión.
En marzo de 1974, en el aniversario de los seis meses del
establecimiento de la Junta, Pinochet atacó verbalmente al Partido Demócrata Cristiano y
declaró que no existía un calendario para el retorno al poder civil. El 18 de diciembre
de 1974 Pinochet fue declarado Jefe Supremo de la nación.
Durante este tiempo, la CIA, en coordinación con el
Departamento de Estado, determinó que no se llevarían a cabo acciones encubiertas nuevas
ni se extenderían las existentes hasta que la Comisión 40 concediera una nueva
autorización. Si bien el gasto en operaciones encubiertas para cubrir los compromisos y
obligados desembolsos en los programas descritos más arriba contaba con autorización, no
se dio luz verde a nuevas iniciativas. Los planes de acción encubierta de la CIA en Chile
se dieron por oficialmente terminados en junio de 1974, cesando los desembolsos.
Si bien alguna de estas campañas residuales de propaganda
pudo haber beneficiado a Pinochet y a los golpistas indirectamente, los agentes de la CIA
y de la Comunidad de Inteligencia no estuvieron involucrados en facilitar la llegada de
Pinochet a la presidencia ni tampoco en la consolidación de su poder como Jefe Supremo.
La CIA no contó con autorización para actividades encubiertas en Chile durante la mayor
parte del período. Si bien la CIA mantuvo enlaces y relaciones con varios servicios de
seguridad a lo largo de los años, no hay nada que permita indicar que un determinado
servicio solicitara, o que la CIA ofreciera, ningún tipo de ayuda para promover a
Pinochet como Presidente.
Violaciones a los derechos humanos cometidas por
funcionarios o agentes
secretos y empleados de la CIA.
En enero de 1974 la CIA emitió una directiva a todo
su personal para que recabara información clandestina sobre tortura en Chile; mediante
esta directiva se daba instrucciones al personal de la CIA para que a través de todos los
agentes y canales de influencia disponibles se indujera al Gobierno chileno a modificar
las medidas represivas y especialmente a eliminar la tortura. La CIA se sirvió
activamente de sus informantes -especialmente los que tenía con aquellos miembros de los
servicios que destacaban por sus abusos a los derechos humanos- para insistir en que los
abusos a los derechos humanos iban en detrimento del la credibilidad del Gobierno en su
propio país, dañaban su reputación internacional y no podían ser aceptados por el
Gobierno de los Estados Unidos. En algunos casos, estos informantes permitieron a la CIA
obtener información secreta sobre abusos a los derechos humanos que, de no haber sido
así, no podría haberse conseguido.
Dadas la enorme variedad y naturaleza de los contactos de la
CIA en Chile, la cuestión de los derechos humanos se manejó de diferentes maneras a lo
largo de los años. Como ejemplo:
Con anterioridad al golpe de 1973, el asunto de los derechos
humanos no era abordado en los contactos de enlace ni en los informes de inteligencia.
Se sabe que un informante de la CIA estaba involucrado en el
intento fallido de golpe que hubo el 29 de junio de 1973, y que otro estaba implicado en
el golpe que resultó con éxito el 11 de septiembre de 1973.
En octubre de 1973 la CIA contaba con información fidedigna
de que un informante de alto nivel estaba involucrado en abusos concretos a los derechos
humanos; se cortó toda relación con el mismo.
Aunque la CIA estaba informada de que un informante a alto
nivel suscribía una linea dura y que por tanto era bastante probable que cometiera
abusos, se permitió que continuara el contacto con él en ausencia de información
específica sobre abusos a los derechos humanos.
La CIA mantuvo contacto indirecto con una fuente relacionada
estrechamente con violadores de los derechos humanos. No existen pruebas de que la fuente
se hubiera involucrado en los abusos, pero sin duda él estaba al corriente de tal
práctica. El valor a efectos de inteligencia del informante era lo suficientemente
importante como para no prescindir de él.
En el caso de un individuo respecto del cual la CIA disponía
de información relativa a un asunto de corrupción que podía estar relacionado con
abusos a los derechos humanos, se decidió mantener el contacto dada su posición y
potencial valor de inteligencia.
En más de un caso, en vista de la posición de los
informantes y su fidelidad al servicio, parecía probable que estuvieran involucrados en,
conocieran de/o encubrieran abusos a los derechos humanos. Sin embargo, como tales
informantes permitían a la CIA cumplir con su misión de rendir informes de inteligencia
y mantener una vía mediante la cual hacer llegar sus preocupaciones sobre los abusos a
los derechos humanos, el contacto no fue interrumpido.
En unos pocos casos, aunque la CIA tenía conocimiento de que
el informante representaba a un servicio con un conocido historial de abusos a los
derechos humanos, el contacto fue mantenido porque el renunciar a él hubiera repercutido
negativamente en la obtención de información de inteligencia de la CIA.
En algunos casos no se realizaron verificaciones cuidadosas
sobre el historial de derechos humanos de los informantes, y no se tomaban decisiones que
tuvieran en cuenta el riesgo. En tales casos, si se estimaba que un informante tenía
valor informativo, se autorizaba la continuidad del mismo.
La información relativa a los abusos a los derechos humanos
de los informantes de la CIA tanto antiguos como activos por aquel entonces, se
distribuía a la comunidad política y de inteligencia.
La relación con
Contreras
.
Durante un período entre 1974 y 1977, la CIA mantuvo
contacto con Manuel Contreras Sepúlveda, quien después sería conocido por sus abusos a
los derechos humanos. La comunidad política del Gobierno de los Estados Unidos dio el
visto bueno a la relación de la CIA con Contreras dada su posición como jefe de la
principal organización de inteligencia en Chile y veía esta relación como necesaria
para el cumplimiento de la misión de la Agencia, a pesar de ciertas reservas en el
sentido de que esta relación podría abrir la puerta a que la CIA se viera acusada de
apoyar la represión política interna. Desde el principio la CIA le dejó claro a
Contreras que no apoyaría ninguna de sus actividades o de las actividades de su servicio
que tuvieran el carácter de "represión política interna". En sus contactos
con Contreras la CIA le instó a que se adhiriera a una circular de 17 de enero de 1974,
emitida por el Ministerio de Defensa Chileno, en la que se exponían las directrices para
tratar a los prisioneros de conformidad con la Convención de Ginebra de 1949.
La relación, si bien correcta, no era cordial ni fluida,
especialmente una vez que surgieron pruebas del papel de Contreras en el abuso a los
derechos humanos. En diciembre de 1974, la CIA concluyó que Contreras no iba a mejorar en
el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, la intervención de Contreras en el primer
trimestre de 1975 de cara a la liberación de algunos miembros del PDC que habían sido
arrestados y maltratados por otro servicio ofrecía una pequeña esperanza de que iba a
usar su influencia para poner término a los abusos. Visto retrospectivamente, sin
embargo, este esfuerzo de Contreras reflejaba probablemente la rivalidad entre los
distintos servicios y su esfuerzo personal por hacerse con el control de la totalidad del
aparato de inteligencia chileno.
En abril de 1975 los informes de inteligencia revelaban que
Contreras era el obstáculo principal para que se adoptara una política razonable de
derechos humanos dentro de la Junta, pero un comité inter agencias instruyó a la CIA
para que continuara su relación con Contreras. El Embajador de los Estados Unidos en
Chile urgió al Director de la Agencia, Walters, que recibiera a Contreras en Washington
en aras del mantenimiento de las buenas relaciones con Pinochet. En agosto de 1975, con la
aprobación de las inter agencias, esta reunión tuvo lugar.
En mayo y junio de 1975, elementos de la CIA recomendaron el
establecimiento de una relación contractual con Contreras para obtener información
basada en su valiosa posición y acceso a Pinochet. Esta propuesta fue denegada, invocando
la política del Gobierno de los Estados Unidos en lo referido a relaciones clandestinas
con el jefe de un servicio de inteligencia conocido por sus abusos a los derechos humanos.
Sin embargo, un malentendido en la planificación temporal de este intercambio hizo que
llegara a Contreras un pago.
Además de la información relativa a amenazas extranjeras,
la CIA quería de Contreras información acerca de las pruebas aparecidas en 1975 sobre la
existencia de una cooperación formal en materia de inteligencia a nivel del Cono Sur -la
"Operación Cóndor"- basada en la cooperación para hacer el seguimiento de, y
al menos en unos pocos casos asesinar, opositores políticos. En octubre de 1976 había
información suficiente revelatoria de que la CIA decidió acercarse a Contreras para
tratar este asunto. Contreras confirmó la existencia de Cóndor como una red de
intercambio en materia de inteligencia pero negó que tuviera nada que ver con ejecuciones
extrajudiciales.
El antiguo miembro del equipo de Allende y Embajador en
Washington, Orlando Letelier, y su secretaria estadounidense, Ronni Moffit, fueron
asesinados en un coche bomba en Washington el 21 de septiembre de 1976. Casi
inmediatamente después del asesinato empezaron a circular rumores de que el responsable
era el Gobierno chileno. El primer informe de la CIA que contenía esta alegación era de
fecha 6 de octubre de 1976. Durante octubre de 1976 el Departamento de Justicia y la CIA
estudiaron cuál sería la contribución de la CIA a los aspectos de la investigación
judicial relacionados con su labor de inteligencia en el extranjero. En ese momento, se
abordó el posible papel de Contreras en el asesinato de Letelier.
A finales de 1976 los contactos con Contreras fueron muy poco
frecuentes. Durante 1977 la CIA se reunió con Contreras una media docena de veces; tres
de esos contactos tenían por finalidad solicitar información sobre el asesinato de
Letelier. El 3 de noviembre de 1977 Contreras fue trasladado a un servicio no relacionado
con inteligencia, con lo que la CIA cortó relaciones con él.
No obstante, los informes de inteligencia de la CIA
continuaron haciendo un estrecho seguimiento de las actividades de Contreras. Tras una
corta pugna por mantener el poder, Contreras abandonó el ejército en 1978. En el
ínterin, la CIA reunió información de inteligencia específica y detallada acerca de la
implicación de Contreras en la disposición del asesinato de Letelier. Si bien parte de
este material ha sido desclasificado, otra parte continúa siendo secreta y una tercera ha
sido retenida a solicitud del Departamento de Justicia, que continúa con la
investigación.
Informes de
Inteligencia
.
A lo largo del período posterior al golpe, la CIA recabó y
distribuyó entre las comunidades política y de inteligencia amplios informes relativos a
cuestiones de derechos humanos en Chile. Parte de esta información provenía de
informantes con una confusa reputación. La información de inteligencia era de una gran
variedad, incluyendo:
Debates desde 1973 hasta 1988 en el seno del ejército
chileno y los servicios de seguridad sobre el nivel adecuado de fuerza que había que usar
para combatir lo que ellos veían como la amenaza subversiva de los grupos políticos de
izquierda y las organizaciones terroristas que eran facciones escindidas de otros grupos.
La identidad y actividades de las subunidades en el seno de
las fuerzas de seguridad chilenas encargadas de llevar a cabo actividades políticas
especiales o actividades contra la izquierda y cuya asociación con grupos extremistas de
tendencia violenta les hacía más proclives a los abusos sistemáticos;
Debates en el seno de los grupos políticos de izquierda y
organizaciones terroristas que eran facciones escindidas de otros grupos acerca del uso de
la violencia para combatir al Gobierno; y
Entrenamiento, capacidad, estado de preparación y despliegue
de los diversos grupos de "autodefensa" en el seno de los Partidos Socialista y
Comunista de Chile y las organizaciones terroristas que eran facciones escindidas del
Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y, la
Juventud Lautaro y las facciones de obreros y agricultores del Movimiento de Acción
Popular Unitaria.
En los días y meses inmediatamente posteriores al golpe de
1973, la CIA suministró amplios informes sobre lo que el Gobierno caracterizaba como
actividades necesarias para restaurar el orden. Había informes enormemente discordantes
acerca del número de personas asesinadas y arrestadas. Los informes de la CIA confirmaron
que los militares no estaban revelando las cifras exactas de manera deliberada y
detallaban las opiniones divergentes en el seno de la Junta Militar sobre si había que
ejecutar sumariamente a los extremistas y subversivos o permitirles ser sometidos a juicio
y sentencia. Había también extensos informes acerca de:
La aplicación de la "justicia militar" a los
detenidos civiles y los tipos de castigo que podrían enfrentar;
La ubicación de los campos de detención y los nombres de
las personas específicas que estaban en ellos, incluyendo el hecho de que algunas de
estas ubicaciones eran secretas;
Acciones de los militantes de izquierda para abandonar el
país u obtener asilo en embajadas extranjeras; y
Evaluaciones del efecto que la represión gubernamental
estaba teniendo sobre la capacidad y acciones de la izquierda para reagruparse.
La CIA recibió también información sobre el "Plan
Z", supuestamente elaborado por la coalición de la Unidad Popular de Allende a fines
del Gobierno de éste para asesinar a figuras importantes del medio político y militar
opuestas a su agenda de izquierda. Cuando afloraron por primera vez las alegaciones de la
existencia del "Plan Z", la CIA señaló que probablemente se trataba de una
desinformación manipulada por la Junta para mejorar su imagen y ofrecer una
justificación de sus actividades. Las acusaciones de que los informes sobre el "Plan
Z" formaban parte de una operación conjunta entre la CIA y Chile no son ciertas, si
bien oficiales del ejército con quienes la CIA tenía contacto antes del golpe de 1973
participaron en la redacción del "Libro Blanco", en el que las alegaciones de
la existencia del "Plan Z" constituían una pieza central.
La CIA informó por primera vez de los abusos a los derechos
humanos por parte de la Junta el 15 de septiembre de 1973, pocos días después del golpe.
La CIA informó de que las unidades de interrogación de la seguridad chilena estaban
tratando a los supuestos oponentes de una forma extremadamente dura. Un informe de 22 de
septiembre señalaba que los prisioneros del Estadio Nacional eran tratados cruelmente en
los primeros días después del golpe. El 28 de septiembre, la Cia informó de que se
habían encontrado en el Río Mapocho 27 cadáveres, algunos de ellos con signos de
tortura y mutilaciones. El 9 de octubre la CIA informó de que técnicos soviéticos no
diplomáticos que se hallaban en Chile habían sido amenazados e insultados en repetidas
ocasiones; algunos de los juzgados con posterioridad fueron golpeados o resultaron
heridos. El 25 de octubre la CIA informó de que el General Sergio Arellano Starck había
ordenado la ejecución sumaria de 21 prisioneros políticos. El 3 de noviembre la Cia
informó de que, a pesar de un decreto gubernamental para poner fin a las ejecuciones
sumarias, en el Canal de San Carlos se hallaron 20 cuerpos asesinados a tiros. El 12 de
noviembre la CIA informó de la preocupación en el PDC por os abusos a los derechos
humanos. El 18 de enero de 1974 la CIA informó de que determinados políticos chilenos a
lo largo del espectro político estaban sopesando la posibilidad de elevar la cuestión de
los abusos a los derechos humanos a la atención de la Comisión de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas.
Era evidente que la circular del Gobierno chileno de 17 de
enero de 1974 prohibiendo la tortura y dando instrucciones para el trato a los prisioneros
era un ardid de cara a las relaciones públicas. La información de la CIA indicaba que
las fuerzas de seguridad chilenas no observaban, y probablemente no lo harían, la
declarada política. Aunque la rendición de informes sobre derechos humanos correspondía
principalmente al Departamento de Estado y la Embajada, la naturaleza clandestina de las
prácticas en materia de derechos humanos de los servicios de seguridad chilenos requería
de la actuación de la CIA para recabar información. A finales de enero de 1974, la CIA
dio instrucciones a todos sus funcionarios concernidos para que recabaran informes sobre
tortura en Chile a través de sus informantes clandestinos.
Durante los 17 años siguientes, la CIA suministró
información sobre abusos a los derechos humanos en Chile proveniente de sus contactos. A
medida que la izquierda fue retomando fuerzas después, la información de inteligencia
incluía los planes, intenciones, capacidades y actos terroristas de la izquierda. Durante
la transición del gobierno militar al civil, los informes de inteligencia siguieron el
asunto político de cómo se abordarían las investigaciones y procesamientos en materia
de derechos humanos.
Una revisión de los archivos de la CIA no ha arrojado
evidencia de que sus funcionarios y empleados estuvieran inmersos en abusos a los derechos
humanos o en el encubrimiento de tales abusos en Chile.
Muerte/Desaparición
de ciudadanos estadounidenses
.
Las alegaciones sobre complicidad de la CIA en la muerte del
ciudadano estadounidense Charles Horman, Jr. -expatriado que apoyó a Allende y que fue
asesinado tras el golpe de 1973- carecen de fundamento. De igual modo, la CIA no tenía
conocimiento a priori de las circunstancias conducentes a la muerte en 1973, en Chile, del
ciudadano estadounidense Frank Teruggi o sobre la desaparición del también ciudadano
estadounidense Boris Weisfeiler en 1985.
No obstante, algunos informantes clandestinos de la CIA
estuvieron involucrados en abusos a los derechos humanos. La CIA, bajo las órdenes de, y
en concurrencia plena con, políticos estadounidenses de alto nivel, mantuvo contactos
oficiales con varios servicios de seguridad. Al mismo tiempo, la CIA mantuvo contactos
secretos con miembros selectos del ejército, la inteligencia y las fuerzas de seguridad
chilenas, tanto para recabar información de inteligencia como para llevar a cabo las
acciones encubiertas descritas más arriba. No hay duda de que algunos de los informantes
de la CIA estuvieron activamente involucrados en la comisión y encubrimiento de graves
abusos a los derechos humanos.
Como resultado de las lecciones aprendidas en Chile,
Centroamérica y otros lugares, la CIA supervisa hoy cuidadosamente todos sus informantes
en relación con su eventual implicación en abusos contra los derechos humanos y decide
en función del equilibrio entre la naturaleza y gravedad del abuso a los derechos humanos
y el potencial valor en términos de inteligencia de continuar con la relación. Estas
normas mínimas, establecidas a mediados de los '90, habrían alterado probablemente la
cantidad de contactos que teníamos con perpetradores de violaciones a los derechos
humanos en Chile de haber estado en vigor en aquel entonces.
Notas de Traducción:
1. NT:
"Track I", literalmente "Pista I", en la versión original en inglés.
Dado la diversidad de acciones que engloba hemos preferido traducirlo como "Plan de
Acción I" [volver]
2. NT:
"Track II", literalmente "Pista II", en la versión original en
inglés. Dado la diversidad de acciones que engloba hemos preferido traducirlo como
"Plan de Acción II" [volver]
Editado electrónicamente por el Equipo
Nizkor. UE, 03oct00.
Informe Church: Acción
Encubierta en Chile: 1963-1973
Testimonio
de lo ocurrido en la Moneda el día del Golpe