CON UNA COPA DE
SU SEDOSO VINO
me acerco a los trozos desflorados de otra historia que no
me pertenece, en la que yo no estaba. No me toques. El televisor
me muestra "los días de nuestra vida", hay huellas en la alfombra de
las patas de una cama, revistas de enfermería en las gavetas, cuentas
añejas de agua que ni bebí y ni se ha evaporado. Qué frágil me vuelvo.
Tropiezo con un piano de cola, importado de Chile, qué hacer si no
amarizo en este sitio. La calefacción a 72 grados Fahrenheit, se
enfría mi elocuencia, nieva. La leche tiene gusto a leche, leo el diario
del domingo. Preparo la maleta. Sientes cómo viajo, cómo dejo de
pertenecerme. Desde el gigantesco plato del satélite, me penetran
dos caballos apoya-libros. ¿Querrías que todo comenzara de nuevo?
Sintonizo con mi propia voz grabada en el contestador. La fiesta
enmudece. Alguien cierra las cortinas. Creo que yo misma. La borrosa
sombra de una mujer me expulsa a la calle y se ríe de mi llanto.
EN CARTAGENA
Despertar hambrienta
a la hora de los durmientes
murmurar quiero engullir todo
lo que respira
Mi costado está vacío
A veces no es sólo un
murmullo
imaginar a tientas un lugar
geográfico
Es perder la fe
a quién pongo en un altar
y por qué muero entre sombras
El fondo del mar
mece mi vida
la ley de gravedad
lo redondo
Pero estoy en tierra
es la respuesta a todas las
preguntas
el tiempo es inverso
sus elementos singulares
Mientras puedo
me ahogo en la vigilia
me desnudo
para mantenerme alerta
y construir nuevos deseos

LA CASA ESTA ENFERMA
la recorren escalofríos
Ceñida con alfileres
se cimbra la casa
Cierta soledad inunda las
camas
Hay menos fervor
en todos los cuerpos