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Sucursales, Familias o Trabajo Flexible?
Colombianos en el mercado de la cocaína en Holanda.
Primera Parte:
I. Introducción.
II. Obstáculos, Silencio y Estigma.
III. Coronando en Europa y Holanda.
IV.Importación de la Violencia?
V. Colombianos en el Mercado de la Cocaína.
Segunda parte
Elaborado por Damián Zaitch
Resumen: Holanda juega, al igual que España, un papel central en la
importación y distribución de cocaína desde sudamérica. Periodistas,
políticos, criminólogos y sobre todo funcionarios policiales han
señalado algún grado de participación de latinoamericanos en dichos
niveles del mercado. En medio de un intenso debate sobre la
naturaleza y extensión del llamado delito organizadoé la relación
entre minorías étnicas y el negocio ilegal de drogas aparece como un
tema central y pol‚mico a la vez. Polémico por las consecuencias
negativas -estigmas, criminalización, marginalización, etc.- que
producen afirmaciones espectaculares y generalizaciones sin base
empírica. Central porque son estos grupos los primeros interesados
en dar a conocer a dónde empieza y termina el problema. Partiendo de
un examen crítico del reciente Informe de la Comisión Parlamentaria
sobre Métodos de Investigación frente al Delito Organizadoé este
artículo analiza la participación de la pequeña comunidad latina (en
especial colombiana) en la importación, transporte, distribución y
venta minorista de cocaína en Holanda. Este estudio de caso me
permitir finalmente discutir ciertas nociones estéticas y simples
como las de carteles o mafias, y en especial examinar la relación
entre etnicidad y negocio ilegal de drogas.
I. Introducción.
Holanda ha jugado en los últimos aos, como España, un papel central
en la importación y distribución de cocaína desde sudam‚rica, ya como país
de tr nsito o como un sector más del mercado europeo.
Debido a la naturaleza dinámica e ilegal de dicho mercado, ha sido
difícil brindar una visión integradora y real de los distintos aspectos
involucrados. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado algunos
datos interesantes tanto respecto a la importación, distribución y venta de
cocaína, como respecto a los propios transportistas, importadores y
vendedores (e.o. van Duyne 1990, 1995; Korf y Verbraeck 1993; Janssen 1994;
Bovenkerk 1995a, 1995b; Fijnaut et al 1996).
En lo que se refiere a la participación de latinoamericanos en las
distintas etapas del negocio, es bien conocido el papel de los grupos
colombianos en la producción y exportación de cocaína a europa. En el caso
holand‚s, como se ver m s adelante, dicha participación se extiende de
manera m s o menos significativa a etapas sucesivas: importación,
transporte, distribución y venta minorista.
En contraste con la región de Galicia, donde la importación por vía
marítima a sido organizada principalmente por grupos o clanes locales, los
colombianos se han mostrado bastante activos al organizar ellos mismos la
importación en Holanda. A veces creando puentes o firmas comerciales u
operando con empresas legales ya existentes y bien establecidas -
especialmente alimenticias o frutícolas-, grandes cargamentos por mar
entran principalmente por el puerto de Rotterdam para ser divididos y
distribuidos a grandes y medianos traficantes. Sobre la naturaleza y
extensión de estas actividades, los datos son fragmentarios e inciertos. Por
un lado, la colaboración y asociación entre colombianos e individuos o
grupos locales -lejos de los poderosos grupos gallegos o italianos, un
conglomerado underground- u otras organizaciones no holandesas se articula
de manera bastante empresarial. Por otro lado, a pesar de cierto grado de
organización -necesario en cualquier operación de importación por barco-
una caricatura de filiales u oficinas regulares de los mal llamados carteles
colombianos resulta sin duda una imagen simple y poco seria (Bovenkerk
1995a, 1995b; Zaitch et al 1996).
Al mismo tiempo, el transporte o contrabando de cocaína involucra
tambi‚n mano de obra latinoamericana. Se trata de una participación
heterogénea, que incluye distintos grados de profesionalismo y
organización, y una gama variada de personas, conforme a los diversos
m‚todos de contrabando.
Tambi‚n a nivel de la distribución, a pesar de no controlar los canales
principales, existe evidencia de participación de latinoamericanos y de
familiares de los exportadores e importadores colombianos, por ejemplo en
el caso de Amsterdam (Korf y Verbraeck 1993; Fijnaut et al 1996). Para tal
propósito, es frecuente el uso de lugares propios: bares y restaurantes
latinos, alguna escuela de idiomas o de deportes, etc.
Finalmente, la joven y creciente comunidad latinoamericana, en
especial colombiana, dominicana y brasilera, también participa en la venta
minorista de cocaína. De manera bastante abierta, es posible observar
transacciones de pocos gramos dentro del circuito recreativo latino de las
grandes ciudades, especialmente en bares de salsa o fiestas privadas.
Sin embargo, todas estas afirmaciones merecen un análisis detallado
si no se quiere caer en conclusiones apresuradas. En el marco de la
investigación de car cter etnográfico que me encuentro realizando, el
objetivo de este trabajo es doble. En primer lugar, presentar algunas
hipótesis y resultados provisorios a partir del material empírico obtenido
hasta ahora, comentando al mismo tiempo lo expuesto en el Informe de la
Comisión Parlamentaria que recientemente investigó, entre otros aspectos
del delito organizado en Holanda, el papel de los colombianos en el mercado
de la cocaína. En segundo lugar, me propongo exponer, a la luz de este
estudio de caso, algunas reflexiones sobre la naturaleza de los grupos
colombianos y su relación con el mercado de la cocaína.
II. Obstáculos, Silencio y Estigma.
Lo que se conoce o imagina en Holanda acerca de la relación entre los
latinoamericanos y la cocaína, viene fuertemente influenciado, y limitado,
por varios factores.
Primeramente, tanto los datos como la investigación criminológica
específica han estado fuertemente conectados al sistema de justicia
criminal y sus actividades: investigación policial, actividad judicial,
políticas penales, etc. A pesar de que dentro de Holanda la guerra contra la
cocaína tiene un nivel de intensidad m s bajo que en otros países, las
agencias de control penal de drogas y sus investigadores asociados tienen
por supuesto sus propias agendas y representan ellos mismos actores
centrales en la din mica del mercado de la cocaína. El enfoque managerial
dominante interesado fundamentalmente en resultados pr cticos y efectivos
ha dejado poco o ning£n espacio para nuevas preguntas, para la reflexión
teórica o para datos "in£tiles". La consecuencia lógica es que conceptos
como mafia, carteles, familias, redes, empresas criminales o delito
organizado han sido ambigua y tautológicamente definidos y usados.
En segundo lugar, el hecho de que en general los grupos
latinoamericanos residentes en Holanda, y en particular la comunidad
colombiana, no han sido aún objeto de investigación sociológica o
antropológica, ha contribuido a una situación de oscuridad. Si se quiere
avanzar más allá de imágenes impresionísticas y sensacionales sobre su
participación en actividades ilegales como tr fico y contrabando de drogas,
es fundamental analizar las características esenciales de este creciente,
heterog‚neo y fragmentado grupo, quiz m s complejo de entender que otras
minorías ‚tnicas más cercanas al pasado holandés (ex-colonias y
trabajadores invitados).
En tercer lugar, los medios de comunicación han tendido a aferrarse a
im genes clich‚ e historias espectaculares, por ejemplo retratando a los
latinoamericanos en el negocio de la cocaína, y en especial a los
colombianos, como ganadores natos. El poder de los carteles es presentado
como ilimitado, y queda la impresión de que todo colombiano mencionado en
las crónicas policiales disfruta m gicamente de protección y prerrogativas.
Esta visión olvida que la mayoría de los que participan en el mercado de la
cocaína -cultivadores, correos, transportistas, vendedores, mano de obra
auxiliar, etc.- son en realidad dobles víctimas de un conflicto, sufriendo
sus desventajas tanto respecto a unos pocos empresarios exitosos como
respecto al sistema penal. Titulares como Colombia está en todas partes o
Contrabando de drogas ningún problema para los colombianos, son buenos
ejemplos de dicha distorsión.
Finalmente, y de forma paradójica, la frenética preocupación por
corrección política en el contexto holand‚s ha silenciado o vuelto muy
difícil cualquier intento de debatir o investigar seriamente la relación
problem tica entre algunas minorías ‚tnicas y algunas actividades ilegales.
Esta represión, ya sea en el nombre de la acción positiva, la integración o
la tolerancia, no ha logrado evitar el pánico moral, la estigmatización o la
marginalización, ni al nivel de la operatividad del sistema de control penal
ni en la percepción social general acerca de dicha relación. La construcción
de un tabú social alrededor de un problema sólo conduce a situaciones de
desconocimiento e hipocresía que a corto o largo plazo perjudica a los
grupos en cuestión. Efectivamente, si existe el problema, son las propias
minorías étnicas las primeras interesadas en conocer y exponer la
naturaleza y extensión (o sea los límites) de su participación en
actividades ilegales.
Bajo estas circunstancias, la investigación criminológica para la
Comisión Parlamentaria (Comisión van Traa) encargada de investigar los
m‚todos de investigación policial frente al delito organizado, ha
significado, a pesar de tratarse de un estudio orientado a formular políticas
criminales, la oportunidad de comenzar a romper o superar los mencionados
límites. Por otro lado, constituye una buena base para futuros debates e
investigaciones en este tema específico. Comentando lo expuesto en dicho
Informe, presentar‚ a continuación algunos resultados provisorios de mi
propia investigación.
III. Coronando en Europa y Holanda.
Las revelaciones del Informe acerca de las actividades de las
organizaciones colombianas en europa y Holanda no suponen, con algunas
excepciones, grandes sorpresas o descubrimientos espectaculares. Hecho
en sí llamativo, dada la desafortunada tendencia a magnificar la naturaleza
de dichas actividades en informes oficiales. El material presentado sobre
importación, transporte y distribución de cocaína permite al Grupo Fijnaut
formular algunas conclusiones o afirmaciones, que pueden resumirse de la
siguiente manera:
Transporte
* Dado el hecho de que el transporte de cocaína a europa se realiza
fundamentalmente por barcos cargueros a trav‚s de contenedores, Holanda
constituye un punto muy importante para las organizaciones colombianas de
drogas, tanto como país de tr nsito como un sector m s del mercado.
* España e Italia juegan roles centrales en la relación entre la cocaína
colombiana y el mercado europeo. Algunos países del este europeo -Polonia,
República Checa, Rumania, Bulgaria, etc.- est n siendo considerados por los
grupos exportadores como nuevos países de tr nsito hacia el mercado
europeo.
* La conexión vía Surinam se orienta principalmente al mercado interno
holand‚s y al circuito "turístico".
* Los envíos por correo ordinario son marginales aunque todavía se usan.
Correos individuales transportando pocos kilos, el m‚todo de contrabando
m s importante en los años ochenta, tambi‚n sobrevive en grupos menores y
dentro del circuito surinam‚s y antillano.
Importación
* Las organizaciones colombianas controlan completamente los cargamentos
hasta los puertos de destinación. Dada la dificultad, en Holanda, de
corromper personal de aduana y autoridades policiales, los exportadores
colombianos no est n en condiciones de garantizar la apertura de líneas
completas y estables. Toda infraestructura es provisional.
* Dos t cticas han sido centrales en el establecimiento de líneas de
importación, la creación de puentes comerciales pioneros propios y la
utilización de firmas holandesas de importación ya existentes con
relaciones comerciales con sudam‚rica.
Distribución
* El nivel de contacto con traficantes holandeses -locales- es notablemente
bajo. Los antillanos juegan un papel en dichos contactos.
* Tomado fundamentalmente como país de tránsito, los grupos colombianos
tienen contactos con una gama internacional de individuos, grupos u
organizaciones. En Amsterdam, se destacan los contactos con grupos de la
Camorra napolitana -a trav‚s de algunas pizzerías- y organizaciones turcas
de heroína -para el intercambio cocaína-heroína.
* El destino final de la cocaína es difícil de determinar, pero probablemente
se extiende a toda europa.
Aspectos Organizativos
* Los servicios centrales de investigación policial (CRI) identifican 12
organizaciones colombianas activas en europa, 4 de las cuales se reconocen
en Holanda.
* Los carteles colombianos son muy activos en Holanda.
* En contraste con surinameses y antillanos, las actividades de los grupos
sudamericanos en Holanda est n bastante organizadas. Es notable la
naturaleza internacional de los individuos alrededor de su círculo -
yugoslavos, españoles, franceses, marroquíes, israelíes, etc.-
manteni‚ndose muy abiertos a la formación de redes temporarias en las
cuales a veces son incluso una minoría.
* Dos nuevos desarrollos -fugas carcelarias espectaculares de altos
traficantes colombianos en cárceles holandesas y el uso de sicarios para
ajustes de cuentas- indican un salto cualitativo: altos niveles de violencia
combinados con posibles casos de corrupción -personal de aduana, de
prisiones y abogados.
* Las ganancias no se invierten en Holanda, pero a trav‚s de operaciones
financieras involucrando instituciones financieras holandesas son
repatriadas. Aruba juega un rol en estas transacciones.
Traquetos en Europa
El Informe señala de manera acertada el papel central de España e
Italia en la conexión entre la cocaína colombiana y el mercado europeo.
España ha sido, y sigue siendo, el eslabón fundamental en lo que se refiere
a importación a europa. Aunque las fuentes -Interpol, Europol, CRI,
Observatoire G‚opolitique des drogues, etc.- varían bastante en sus
estimaciones, todas muestran a España con altos porcentajes, en relación
con el resto de europa, de cantidad de cocaína confiscada. Las buenas
relaciones entre las organizaciones colombianas y los clanes gallegos -con
larga experiencia en contrabando- est n muy bien documentadas. La
centralidad de España puede entenderse por una combinación de razones:
lazos culturales con latinoam‚rica (idioma, intercambio, etc.); larga
tradición de contrabando en la región de Galicia, con condiciones
geogr ficas excelentes; larga tradición en transporte marítimo y pesca, con
abundantes costas; el aeropuerto de Barajas como conexión importante entre
latinoam‚rica y europa; una muy buena ubicación geogr fica -entrada al mar
Mediterr neo, posible nexo con el norte y el sur de europa; mejores chances
de involucrar poderes locales, autoridades aduaneras y policiales; y
finalmente el extraordinario boom económico desde los años ochenta, con
altos niveles de lujo, especulación y comportamientos de nouveau riche, y
con buenos recursos financieros para operaciones de lavado de dinero.
Como explicar‚ m s adelante para el caso holand‚s, un factor mucho menos
importante ha sido el número de colombianos residentes en España.
También es bien conocida la relación entre los grupos colombianos e
italianos. No sólo de fuentes policiales y judiciales, sino tambi‚n de
distintos relatos de los propios actores, se conoce que los colombianos
han tendido a ver como buenos socios a los italianos: "Tenemos la impresión
de que, una vez consolidados hasta cierta medida, no partieron en primer
lugar hacia el norte de europa sino hacia Italia. Este país tiene la fama de
poseer buenos contactos y los colombianos parecen llevarse bien con los
italianos. La misma relación entre traficantes de ambas nacionalidades
encontramos en Holanda desde el final de los años ochenta."
El Informe dedica casi toda la sección sobre la mafia italiana en
Amsterdam a describir la forma en que Amsterdam funciona como "lugar de
encuentro" en el tr fico de cocaína entre vendedores colombianos y algunos
clanes de la camorra. "Los importadores sudamericanos de cocaína mantienen
en Amsterdam, vía algunos restaurantes italianos del centro y alrededores,
vínculos estrechos con representantes o intermediarios de uno o varios
clanes de la camorra. Cuando estas personas se enteran de que hay cocaína
en el mercado, compran determinadas partidas en acuerdo con los clanes y
arreglan el transporte de la mercancía hacia N poles y alrededores." Al
tratar de responder porqu‚ dichos contactos tienen lugar en Holanda y no
m s directamente en Italia, el Grupo Fijnaut concluye: "la respuesta a tal
pregunta parece orientarse hacia: una policía no tan activa, penas suaves
en el caso de captura, socios poco confiables en lugares como España..."
En primer lugar, España es el principal punto de encuentro de dicha
conexión. Madrid, Andalucía y en general la costa mediterr nea aparecen
señalados como los lugares m s importantes. Todo exportador colombiano
sabe que España combina dos elementos positivos: un buen sitio para
descarga con buenas oportunidades de asociación local e internacional.
Pero si como afirma la DEA, una tonelada de cocaína colombiana llega a
N poles cada semana, resulta obvio que otros puntos sirvan tambi‚n para
establecer contactos. Niza o Frankfurt aparecen a menudo en los informes.
Holanda, como una muy buena ruta con socios locales bastante d‚biles y
desconfiables, no queda al margen de esta relación. En este punto, el
Informe sobreestima factores policiales y normativos por sobre
consideraciones geo-económicas de mucha mayor importancia. A pesar del
bajo nivel de corrupción policial, esta relación tiene lugar simplemente
porque la oferta es alta y los socios son d‚biles. Mayor vigilancia policial
o mayores penas no tendrían mayor efecto en esta conexión holandesa entre
colombianos y napolitanos, que sí se vería alterada, a mi entender, por una
dr stica disminución de la actividad comercial portuaria o por el desarrollo
de socios locales fuertes.
Contra la idea de un acuerdo altamente organizado entre "la mafia" y
"los carteles", al menos en Holanda, parecen m s bien existir operaciones
puntuales y cambiantes con distintos grupos o individuos en condiciones de
transportar cocaína no sólo por barco sino incluso vía correos individuales.
Finalmente, el Informe no profundiza en las formas organizativas de dichos
grupos sudamericanos: ¨se trata de individuos trabajando para el mismo
grupo o de individuos compitiendo entre sí? ¨Se trata de traquetos enviados
o de grupos establecidos en Holanda? Sobre estos interrogantes volver‚ m s
adelante.
Hasta el momento, no he podido encontrar evidencia empírica sobre la
afirmación de que organizaciones colombianas y turcas intercambian cocaína
por heroína, la cual sería transportada por colombianos a los Estados
Unidos. Aunque no debe descartarse, parece improbable pues muchos grupos
colombianos vienen desde hace tiempo promocionando su propia heroína en
dicho mercado. La tendencia de buscar nuevas rutas en el este europeo
parece notable. Ya en 1989 una sociedad checo-colombiana para transporte
de alimentos se utilizó para importar cocaína al mercado europeo. En 1991,
1200 colombianos entraron Polonia con una visa de turista, y grandes
confiscaciones han tenido lugar en Gdansk (Polonia) y Bohemia (República
Checa).
Importación de la Violencia?
Otro punto que merece atención es el problema de la creciente
violencia. El Informe sostiene: "...algo de su cultura de la violencia
[colombiana] a pasado a nuestro país". Por los datos y materiales
expuestos, parece en realidad que tanto la violencia como la corrupción han
sido bastante acotadas y difíciles, por lo menos respecto a otros grupos
‚tnicos o locales. En primer lugar, las organizaciones colombianas de drogas
han tratado, como regla general para europa, de limitar la violencia al
mínimo. Su dificultad de encapsular intercambios violentos dentro de
estructuras o contextos m s amplios -comunidades latinas, otras redes
sociales- convierte este m‚todo de protección en bastante precario y
contraproductivo. Muchos grupos que compiten violentamente en Colombia no
han encontrado en europa obst culos para cooperar o al menos para
ignorarse. Los ajustes de cuentas -vía sicarios colombianos- son raros y han
sido en general "servicios" para otros grupos o socios, pero no parte de
conflictos directos entre grupos o individuos colombianos. Pero por sobre
todo, debe tenerse mucho cuidado al utilizar grandes conceptos abarcadores
como el de cultura de la violencia. Poniendo todo tipo de violencia bajo
el mismo paraguas, se oscurecen las causas reales de las distintas
violencias específicas (histórica y socialmente) y se contribuye a
naturalizar prejuicios y a reforzar im genes negativas sobre, en este caso,
los colombianos en general. La corrupción ha sido sin duda un m‚todo central
para las organizaciones colombianas, pero el Informe es harto elocuente
sobre los límites precisos que han encontrado en Holanda.
Carteles en Holanda
Parecen tambi‚n existir algunas contradicciones entre las
afirmaciones puntuales y las conclusiones que se extraen. Mientras que
todos los materiales presentados muestran una situación compleja -límites
a la corrupción, problemas para establecer lazos con la economía legal,
infraestructuras provisorias y flexibles, redes ad hoc mixtas y muy
internacionales, etc.- o la falta de datos en aspectos claves como el
funcionamiento real de las redes de importación y distribución, las
específicas relaciones (intra y extra) laborales, organizacionales y
‚tnicas, etc., una conclusión tan tajante como "los carteles colombianos son
muy activos en Holanda", parece una afirmación final muy simple. No cabe
duda del car cter activo de los colombianos en el negocio de la cocaína,
pero la evidencia presentada permite claramente formular una conclusión
final donde tanto la naturaleza de los grupos como la de sus actividades se
discutan y analicen críticamente, formando el eje central de la
argumentación. Esta limitación final del Informe tiene que ver, a mi
entender, con la imposibilidad de superar el marco en el cual las distintas
policías han definido y clasificado el fenómeno.
Redes Vacías: Grandes Carteles.
Para los ordenadores del CRI, el señor X pertenece al cartel o grupo A,
donde A es en general una ciudad o región. Intentando armar el
"rompecabezas", se le asignar un lugar determinado en la "red". En un
rompecabezas, cada pieza tiene un lugar único y no existe espacio para
repeticiones, superposiciones o lugares vacíos. Cuando lo entrevisto en la
c rcel, resulta que, sin el conocimiento de los ordenadores, ya ha pasado
tres veces antes por Holanda. Las dos primeras veces trabajó para grupos
distintos. Se mueve de un patrón a otro de manera bastante sencilla, y me
describe su relación con los grupos no tanto en t‚rminos de "pertenencia"
sino m s bien de "oportunidades laborales". La tercera vez trabajó para el
mismo jefe (quien resulta vivir en D y no en A) que esta última, pero en otra
función. Pronto estar nuevamente en Colombia, donde buscar a sus
anteriores empleadores pues tiene "problemas" con el actual. Existe una gran
chance de que est‚n presos, muertos o fusionados con nuevos empresarios
emergentes.
Cuál es el propósito del CRI al querer dibujar preciosos gr ficos de
redes criminales cuando la realidad es mucho m s compleja y contradictoria?
La idea de que existen en Holanda 4 grupos colombianos activos, incluso
considerando sólo la importación de m s de 50 kgs., no tiene ninguna base
empírica en la realidad. Una simplificación de este tipo olvida por completo
la naturaleza flexible y cambiante del negocio de cocaína y en especial los
desarrollos actuales en los grupos colombianos. Para la policía resulta m s
fácil y funcional -en el marco de una lucha contra el delito organizado-
continuar pensando en t‚rminos de "rompecabezas" para armar, aún sin
perspectivas de terminarlo. Un modelo que enfatiza la noción de red criminal,
que aísla actores y relaciones de manera totalmente arbitraria (en tiempo y
espacio, de otros actores, relaciones o redes no criminales, de cualquier
sentido subjetivo para los actores en cuestión, etc.), no puede sino
conducir a la construcción de estructuras sin contenido que eventualmente
recibir n el nombre de carteles.
IV. Colombianos en los Polders.
El Informe analiza finalmente lo que se considera la cuestión m s
"delicada" y "sensible" del estudio: qu‚ papel juega la comunidad colombiana
residente en Holanda en los distintos niveles del mercado de la cocaína y
cu l es su relación con las organizaciones de drogas. Sobre esto la policía
tiene poco o nada que decir, y solamente an lisis de tipo sociológico o
etnogr fico pueden ser de utilidad. Para ello es necesario primeramente
precisar algunas características salientes de dicha comunidad.
La comunidad colombiana en Holanda es bastante pequeña, comparada
con países como el Reino Unido o España. Con casi 7000 residentes legales
nacidos en Colombia viviendo en Holanda en 1994, es el grupo m s numeroso
dentro de la colonia latinoamericana, seguido por brasileros (6000),
dominicanos (4400) y chilenos (2900). Sólo 2000 tienen únicamente
nacionalidad colombiana, el resto en su mayoría doble nacionalidad
(colombiana y holandesa). Existe adem s un número indeterminado de
residentes ilegales viviendo principalmente en las tres ciudades
principales. Comparada con otros grupos, se trata de una comunidad
relativamente dispersa, con no m s de un 40% viviendo en La Haya,
Amsterdam (2§) y Rotterdam (3§). Los altos índices de dispersión y
naturalización se deben fundamentalmente a la gran cantidad de parejas (o
ex-parejas) mixtas, en general una mujer colombiana con un hombre holand‚s.
En contraste con los "viejos" grupos latinoamericanos como chilenos,
argentinos o uruguayos, la colombiana es una población muy joven y
femenina. Dos tercios son mujeres y la edad promedio es muy baja, con casi
30% debajo de los 15 años. El alto índice de mujeres jóvenes est
relacionado con el gran número de prostitutas o ex-prostitutas. Existen
adem s algunos refugiados políticos, algunos artistas -pintores, músicos,
bailarines, etc.-, algunas mujeres trabajando en tareas dom‚sticas o
limpieza profesional, o algunos empleados de empresas colombianas. A pesar
de que los caleños (Cali) y los paisas (Antioquia) son dos grupos
importantes, existen colombianos de Bogot , Barranquilla, Santa Marta,
Ibagu‚, Pereira y de otros pueblos pequeños cercanos a las capitales.
El perfil socio-económico de esta migración es heterog‚nea, pero en
términos generales puede caracterizarse como una migración laboral (no
invitada) de nivel salarial bajo. La mayor parte de las mujeres del circuito
de la prostitución han sufrido bastantes privaciones en Colombia, cuando no
graves problemas o tragedias personales: muchas de mis informantes son
jóvenes viudas con hijos, que trabajan y envían dinero regularmente a sus
familias en Colombia. Los problemas m s comunes en Holanda se relacionan
con vivienda, salud y facilidades educativas para los niños. He podido
detectar repetidamente casos de violencia doméstica, abusos y altos grados
de dependencia -respecto del estado, de otras instituciones o de las
parejas. Aquellos con calificación profesional, algunos con diplomas
técnicos o universitarios, se hallan a menudo des- o sub-ocupados, y muchas
veces utilizan redes familiares o internas para mantener o expandir las
oportunidades laborales. Otros inmigrantes con alta calificación laboral -
periodistas, traductores, managers o empresarios- mantienen todavía
relaciones económicas con Colombia a trav‚s de las pocas empresas o
instituciones con lazos en Holanda. Existe un grupo muy grande que vive de
beneficios sociales o del ingreso de la pareja holandesa. Los residentes
ilegales se ganan la vida como cocineros, fontaneros, prostitutas,
jardineros, limpiadores, niñeras, o profesores de español. Finalmente, un
grupo de artistas independientes logra con dificultad vivir de la pintura,
la música o el baile.
Dada la intensidad de la interacción social al interior de la
comunidad, puede hablarse de cierta solidaridad ‚tnica -o nacional-, donde
se comparten símbolos, códigos, tradiciones y elementos comunes, tanto
regionales como de Colombia en su conjunto. Incluso un fuerte sentimiento
de orgullo de "ser colombiano" aparece constantemente en lugares como la
iglesia, las actividades deportivas, los eventos sociales y culturales, y,
por supuesto, en fiestas y encuentros musicales. Esta solidaridad de tipo
espont neo, visible en la vida cotidiana, no ha sin embargo conducido a
altos grados de acción colectiva u organización superestructural. Las
organizaciones inmigrantes son d‚biles y dependientes, cuando no muy
alejadas de la gente, a menudo con conflictos personales internos.
Dadas sus características económicas y sociales -dispersión,
integración, sexo y edad, baja calificación, etc.- no puede decirse que se
trate de una middleman minority y mucho menos de un enclave étnico. Por
un lado, el grupo no se constituye como intermediario comercial o
empresarial entre otros grupos dominantes y subordinados. No existe una
economía étnica en su seno, en el sentido de capital y trabajo ‚tnico
constituyendo un nicho ocupacional. No hay restaurantes, ni bares, ni
tiendas especiales, ni otros pequeños o medianos negocios que dejen ver un
circuito económico formal propio. Este es sin duda un punto de gran
importancia, pues teniendo en cuenta que difícilmente puede sostenerse o
desarrollarse una economía étnica ilegal sin una infraestructura legal
propia, la idea de un mercado de la cocaína como nicho ocupacional
explotado (en Holanda) por colombianos pierde bastante credibilidad.
Esto no significa que la comunidad colombiana en Holanda no tenga
algún tipo de participación en los distintos niveles del mercado.
V. Colombianos en el Mercado de la Cocaína.
Existen dos buenas razones para indagar más profundamente en la
relación entre este grupo y el mercado de cocaína. En primer lugar, como
sostiene el Informe, "quien habla sobre el tema con la policía local, se lleva
f cilmente la impresión de que en realidad todos los colombianos en Holanda
-y sin duda la cantidad desconocida de colombianos ilegales- tienen
relación, de una u otra forma, con el tr fico de drogas". El alto grado de
estigmatización y las im genes negativas construidas a su alrededor han
tenido un gran impacto al interior de la comunidad colombiana, produciendo
marginalización, discriminación, auto-segregación y actitudes sospechosas
desde dentro y desde fuera, sumando m s dificultades a los problemas ya
existentes dentro del grupo. Hay por lo tanto un inter‚s real de conocer y
dar a conocer los límites de dicha relación.
En segundo término, uno de los factores importantes que condujeron al
éxito de los grupos exportadores colombianos en el mercado norteamericano
en los años setenta y ochenta, ha sido justamente la gran comunidad
colombiana residente en ese país, la cual proveía excelentes canales de
distribución de las exportaciones ilegales (Thoumi 1995: 174-175). Sin
embargo, sobre este punto deben señalarse dos grandes diferencias entre el
caso norteamericano y el europeo. La primera concierne a la naturaleza del
enclave migratorio. Mientras que en los Estados Unidos existía una
comunidad grande y concentrada, con tendencias a la formación de un
enclave ‚tnico, europa muestra, como se dijera antes, un número bastante
reducido, heterog‚neo y disperso de colombianos. La segunda refiere a la
forma en que se desarrollaron los mercados. En los Estados Unidos, el
desarrollo del mercado interno fue simult neo a la consolidación de los
grupos colombianos como principales productores y exportadores de cocaína.
El hecho de ganar el mercado a trav‚s de canales propios de distribución
significaba ganar una posición privilegiada sobre otros posibles
competidores -cubanos, mejicanos, otros países andinos, etc.). La forma en
que se importaba la cocaína en aquellos días, por avión y en pequeñas o
medianas cantidades, permitía la participación de redes propias, incluso con
bajos niveles de organización. Pero europa es una historia diferente. Los
colombianos ya dominaban el negocio de la cocaína cuando apuntaron al
mercado europeo. La posibilidad de ganar posiciones en la importación y
distribución, aunque económicamente atractiva, no determinaba ni modificaba
ya su indiscutido liderato como productores y exportadores. Adem s, grandes
cantidades de cocaína enviadas en contenedores por mar, suponían arreglos
mucho m s empresariales, con infraestructura que la propia comunidad no
estaba (ni está ) en condiciones de facilitar. Esta podía sí contribuir, como
veremos a continuación, en algunas tareas de apoyo logístico.